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martes, 2 de septiembre de 2008

Descarga.
Descarga.
Descarga.

Y ya está.
La segunda ha sido la más contundente. La más grande y potente. Por lo tanto, la más gratificante.

Finito. Fin. Finalizado. Se acabó. Pero nada. Da igual. El proceso de descarga ha concluido y él continúa ahí. Pensando y leyendo.
Pensando y leyendo.
Forzando casi inconscientemente para comprobar si, en efecto, el proceso ha terminado.
Y deja de leer. Y ahora se pone a pensar.
Pensando.
Todos los días, exceptuando algunos días escasos, realiza esta labor de descarga. De carga. Y descarga. La segunda parte, la descarga, es más concreta y también más rápida, exceptuando algunos casos muy escasos. Y le gusta. Le resulta gratificante. Exceptuando, claro está, algunas ocasiones escasas. Le resulta muy placentero. Descarga.
Y ahora, joder, no sabe qué hace ahí. Ni siquiera se lo plantea. Pero ahí sigue.
Pensando.
Y no para de darle vueltas a la puta cabeza. De darle vueltas a muchos putos y variados temas. De vez en cuando se asoma para ver cómo ha ido. Qué tal ha ido la descarga. El proceso. Para observar las condiciones de la carga recién descargada. Se asoma. Y observa. Esta vez ha resultado aún más gratificante la labor debido a que le han gustado las condiciones en las que se encuentran las cargas. La carga fragmentada.
La verdad es que el hecho de que esté fragmentada no importa absolutamente nada. Hombre, hay que ser sinceros, y la verdad es que él piensa que cuanto más entera esté la carga descargada muchísimo mejor. Le encanta verla lo menos fragmentada posible. Pero, vamos, joder, tampoco es que importe mucho.
Y ahí sigue. Lo hace muchas veces. Exceptuando blablabla. Realiza la labor y una vez finiquitada se queda ahí.
Pensando. Leyendo. Hablando, consigo mismo. Jugando. Rebuscando objetos. Lo que sea.
Pensando.
Y esta vez es una de esas muchas veces. Ahí sigue.
Tampoco se puede decir que lo que esté reflexionando sea de notable importancia. Habría que dudar incluso que siquiera fuera de suficiente importancia. Escasísimas veces es de sobresaliente importancia. Exceptuando… bah, ya sabéis.
Se vuelve a asomar para contemplar durante unos segundos su carga. En este caso, como casi siempre, sus cargas. Su carga fragmentada. Y sonríe. Sonríe. Sí, joder, sonríe.
Esta vez ha ido muy bien. De puta madre. Genial. Buah. Ni os lo imagináis.
Ha ido bien.
Y no para de pensar. De pensar y pensar. Joder. Piensa y piensa. Y perdonadme, pero no os puedo revelar cuáles son sus pensamientos. En serio. Perdonadme.
No os lo puedo decir, así que, por favor, dejad de insistir.
Y no para. De pensar. Y pensar. Pensar.
Se levanta y observa la carga. Las cargas. La carga fragmentada. Se pone en pie. Y la observa. Y, poco a poco, va acercando la puta cabeza a la carga. La acerca más y más. Para mirarla lo más cerca posible. Lo hace algunas veces. Y ésta, es una de ellas. La sigue acercando. Os sorprenderíais de lo cerca que está su jodida cabeza de las cargas. Las tres cargas. La carga fragmentada en tres. Y ya. Frena el avance de su cabeza. Y se queda mirando. Y cierra los ojos. Pensando. Cierra los ojos. Pensando. Y respira profundamente. Pensando. Y sigue con los ojos cerrados. Y ya. Los abre. Y se reincorpora rápidamente. Y se queda quieto. Totalmente quieto. Ahí está. Ya dejó de sonreír. El rostro le ha cambiado sustancialmente. Ahora se refleja en su rostro una mezcla de amargura y melancolía. Ahí está.
Pensando. Quieto.
Ahí está.
Observando con su nueva expresión en el rostro, con su nuevo rostro, la carga descargada.
Y cierra los ojos. Y respira hondo. Profundamente. Y los vuelve abrir. Y vuelve a observar allí, vuelve a observar su carga que se encuentra ahí al fondo, en el hueco. Flotando.
Pensando. Quieto.
Y sin saber por qué. Joder, sin tener ni puta idea de por qué. Le brota una lágrima de sus ojos. Del izquierdo para ser más exactos. Le brota una jodida lágrima que se le derrama por su mejilla.
Ahí está, quieto. Y con una lágrima corriéndole por la cara. Ahí está. Quieto. Con los ojos empañados en lágrimas.
Y ya.
Y se mueve. Y ya. Ya está. Se mueve. Y se acerca a tirar de la cadena. Y tira de la cadena del retrete. Y ya está. Y su mierda se va. Se va. Se va en ese remolino de agua.
Y ya. Y nada. Y da igual. Ya está.
Y se va. Y cierra la puerta del baño. Y no se ha limpiado el culo. Bueno. Qué más da.
Y ya. Ya está. Finito. Fin. Finalizado. Se acabó.
Y se va.

sábado, 5 de julio de 2008

Los dos. Los dos iban caminando por una calle la cual estaba casi exenta de gente. Iban caminando por una calle de la ciudad, una calle más, sin importancia. Hablando sobre algún tema que surgió de forma espontanea e imprevista. Iban caminando por una calle al lado de la cual se encontraba un gran parque. Un parque por el que ya habían estado paseando antes.

Y ahora iban caminando por una calle por la cual, en ese momento, el tránsito de gente era escaso. Iban caminando y hablando,
y en un momento dado uno de los dos se paró. Se detuvo. Y le señalo a su compañero una escena que estaba ocurriendo en ese momento, en el asfalto, en la acera.

Dos hormigas que, al parecer, se estaban peleando. Una de ellas era bastante más grande que la otra hormiga. Y daba la impresión de que estaban en una fuerte y acalorada pelea.

Los dos se detuvieron y se colocaron de cuclillas para contemplar esa escena tan curiosa. Cual espectadores de un circo romano. Cual espectadores de una pelea de gallos.

Parecía que la hormiga grande era la que llevaba la gran ventaja sobre la chiquitilla. Estaban en un tomaydaca. En un empuje furioso. Cada una con las patas delanteras en la cabeza de la otra. Empujando. Empujando tan fuerte como cada una podía. Y era la más grande de las dos la que tenía la sartén por el mango. La que arrastraba a la hormiga pequeña más y más.

Los dos amigos estaban muy atentos y expectantes. Ya no existía esa calle, no existía alguna pareja de personas que pasaba por aquel lugar y se quedaban extrañadas ante la imagen de dos personas de cuclillas observando a dos simples hormigas.

Solo existían esas dos hormigas, cada una usando todos sus esfuerzos para ganar esa batalla.

Sí. Pero la más pequeñita no se daba por rendida. Ni mucho menos. A pesar de la superioridad de su contricante y de que éste estaba dominando la situación, la hormiga más pequeña estaba aguantando. Aguantando. Resistiendo.
Se la veía sufrir, se la veía desear salir de allí lo más pronto posible. Pero aún así seguía resistiendo.

El asfalto, ahora, era un auténtico campo de batalla. Las baldosas, con sus huecos, sus fisuras... se habían convertido en el soporte de una pelea enfurecida de dos hormigas. En ese momento, todo los demás carecía de sentido alguno.
El asfalto, realmente, dejó de ser asfalto.
Los dos amigos estaban disfrutando como nunca. Al menos nunca habían disfrutado tanto, ni nunca se lo hubieran imaginado, con una dispusta de dos simples e insignificantes hormigas.
Comentaban cada movimiento. Cada empuje. Cada decaída de alguna de las dos contrincantes.

La pelea se ponía cada vez más interesante. Más intrigante.
¿Cuál iba a ser el desenlace de aquella imprevista y nuncavista disputa?
Nadie lo sabía. Ninguno de los dos.
Tal como estaba la cosa, podía parecer que la de mayor tamaño sería la vencedora. Pero era difícil afirmarlo al cienporcien al ver la resistencia de la otra hormiga.
El tomaydaca continuaba. Empuje. Y empuje. Y empuje.
La grande seguía arrastrando a la pequeña, pero había momentos en los que la pequeña lograba detener el empuje al que la estaba sometiendo su oponente.
Y llegó el momento álgido de la pelea. El decisivo. El más impresionante.

El de mayor suspense.

Los dos amigos afinaron su atención, su vista. Todos sus sentidos.

En una de las pequeñas franjas separadoras de las baldosas, la hormiga grande había encogido su cuerpo. Tenía su cuerpo doblado. Parecía que estaba en un apuro.
Y entonces.
Entonces...
Entonces la pequeña vio su momento. Y se aprovecho de él.
Entonces la pequeña escapó. Sí. Escapó.
Impresionante.
Se deshizo de su fuerte oponente y en el momento más crítico de éste huyó.
Logró huir. Y salir corriendo del lugar.

Los dos amigos se habían quedado alucinados. Impresionados. Comentaban con enorme sorpresa el hecho que acababan de presenciar.

Y la grande pareció quedarse desorientada y furiosa. Perpleja también. Su débil enemiga había conseguido escapar de sus garras.
Parecía estar buscando a su enemiga. Se movía intentando dilucidar dónde se hallaba.
Pero ya estaba muy lejos.
Ya... Ya era imposible.

Había sido genial. Reían. Y comentaban aquello. Ninguno de los dos se había visto nunca en una situación como aquella. Disfrutando como enanos de un acontecimiento sencillo y simple, en el que casi nadie hubiera reparado. Tal vez, ni ellos mismos en otro situación y momento.
Habían disfrutado considerablemente.
Y ya se empezaron a incorporar para seguir con su camino mientras proseguían hablando de la pelea y de lo que acaban de vivir.
Uno de los dos le comentó a su compañero una sensación que le golpeó en el pecho. Le comentó que, joder, habían vivido una experiencia divertida, extraña, pero muy divertida, habían visto y contemplado un rifirafe entre dos hormigas, y eso él lo consideraba un acto de seres vivos de la naturaleza maravilloso, dos simples e impercatables hormigas. Dos hormigas, indiferentes para todo el mundo. Se habían parado, y se habían quedado observando y viviendo eso. Pero, joder, esa situación con la que tanto habían disfrutado, esa situación... se podría haber esfumado con un simple pisotón. Una puta pisada. Sin más. Y nada de todo aquello habría ocurrido. Un paso. Simplemente eso. Una pisada. Una pisada habría aplastado a aquellas dos hormigas. No habrían reído, ni disfrutado, ni habrían estado ahí de cuclillas durante unos cuantos minutos. Nada más que un pisotón. Las dos hormigas no habrían luchado, no habrían realizado el recorrido que habían hecho entre empujones, no. Simple y llanamente, una pisada. Y la hormiga pequeña no habría tomado el camino de su huida.
Nada de todo aquello habría ocurrido.
Dos hormigas más, muertas y pisadas en medio del asfalto... Nada que tuviera importancia...
Y sin embargo, no había pasado eso. Habían vivido una expiriencia muy divertida.
Pero... una simple pisada... y...

Ya habían retomado su camino.
Y la hormiga grande, la que parecía más fuerte, seguía allí en medio, dando vueltas, buscando a su maldita contricante que parecía débil y estúpida, pero que había escapado.
Y a la hormiga pequeña ya no se la veía. No. La hormiga pequeña había emprendido su huida, tal vez nerviosa pero feliz por haber conseguido escapar. Tal vez nerviosa, pero feliz. Se podía decir, que ella, la pequeñaja y debilucha, había vencido.


Sí...
Un simple pistón...

domingo, 1 de junio de 2008

Todas las tardes caminaba por la misma calle de siempre, y todas las tardes entraba en la misma tienda de siempre. Y miraba el reloj, y casi siempre rondaba la misma hora, las 18:11-18:16. Y el dependiente siempre le miraba inquisitivamente, pero con una mediosonrisa.

Nunca esperes que el tiempo te devuelva la vida.

Vivía con su abuelo. Marino. Así se llamaba su abuelo. Tenía en su cara las lágrimas de toda una vida de trabajo, y soledad, y dolor. Tenía en sus ojos marcado el rechazo y el abandono que había sufrido por parte de los que a lo largo de su vida habían estado a su alrededor.
Vivía con su abuelo, desde que sus padres y sus dos hermanos sufrieran un accidente de tráfico y murieran en él. 76 años tenía Marino cuando ocurrió el accidente. 9 tenía Isaac.

Nunca esperes que el tiempo salde tus cuentas.

Se mudaron a otra ciudad. Lejos. Lejos del pasado. Se intentaron alejar del pasado. Pero en realidad era Marino quien quería huir, escapar. Lo llevaba queriendo hacer desde siempre. Y ahí tenía su oportunidad. Su oportunidad para volar de su vida. Ya no le quedaba nada, nada. Había perido a la mujer con la que tantos años estuvo. Había perdido a su hijo en accidente. Había perdido a sus hermanos. A sus padres a una edad temprana. Y la poca familia que le quedaba nunca se acordaba de él. Nada. Solo le quedaba el hijo de su hijo. Solo le quedaba un chavalín al que sentía la necesidad de cuidar.
En realidad, solo le quedaba él mismo.

Nunca esperes que el tiempo arregle las cosas.

Isaac creció con su abuelo. Isaac cumplió 10 años. 11 años. 12 años. 13 años. 15 años. Isaac vio a su abuelo, día tras día, intentar ocultar todas sus vivencias. Todo lo que había hecho mal. Y bien. Todo.
Isaac siempre intentaba cuidar de su abuelo todo lo que podía. Miraba a su abuelo, y veía en sus ojos la muerte inevitable. Veía la derrota permanente. La perdida. Las lágrimas de pólvora.
Su abuelo casi nunca salía de casa. Siempre se quedaba sentado en una mecedora, arropado con una manta, y viendo el futuro pasar através del cristal de su ventana. Viendo la vida de los demás. Viendo pasos, y risas, y carreras, y llantos, y peleas, y... Y... Pero él solo reconocía en todo eso un futuro de muerte y derrota como lo fue el suyo. Nada de lo que veía le hacía sentir envidia, sino más bien pena, más bien impotencia, más bien deseo de parar todo ese transcurso de la vida.
Siempre lloraba por dentro cuando veía a su nieto levantarse todas las mañanas, cuando le veía prepararse el desayuno, cuando le veía preparar su mochila e irse al colegio. Siempre lloraba por dentro cuando le veía estudiar, y sonreír, y jugar con sus amigos.
Siempre lloraba cuando le miraba a los ojos y se veía a sí mismo.
Siempre lloraba cuando veía a su nieto y se veía a sí mismo, cuando se veía así mismo albergando esperanzas de que las cosas podrían ir bien. De que las cosas podrían salir bien.

Nunca esperes que el tiempo mantenga vivo todo aquello que quieres.
Todo aquello que desearías que nunca muriera.


Isaac, todos los días, tras llegar del colegio a las 17:43 y tras estar en su casa un rato, bajaba a la calle para darse un paseo, para contemplar todo aquello que su abuelo veía muerto, y que él sin embargo contemplaba como normal. Como vivo.
Y cruzaba la calle, y entraba en la misma tienda de siempre. "Ultramarinos Julián". Siempre rondando la misma hora de siempre. Y le hacía le compra a su abuelo, aunque éste siempre le dijera que no lo hiciera. Siempre le compraba un poco de comida y demás. Y el dependiente le miraba inquisitivamente. Y siempre se le dibujaba una mediasonrisa. Conocía al chico desde hace ya años, y siempre le veía caminar y comprar y vivir con dedicación a su abuelo. Siempre le miraba y se decía para sus adentros que de nada serviría todo eso.
El tendero sabía que nada resucitaría el ambiente muerto que veía Marino.

Uno de todos esos días en los que bajaba y paseaba y compraba las cosas a su abuelo, uno de todos eso días en que cruzaba la misma calle de siempre, como siempre, con la misma hora de siempre rondando, uno de todo esos días, un coche embisitió a Isaac. Le atropelló. Y murió en el instante. Salió el tendero a socorrerle. Todo el mundo se paró. Todo se paró.
Y todo aquello lo veía su abuelo, desde su habitación, arropado, meciéndose, mirando através de la ventana. Como siempre. Contemplando todo ese mundo muerto.
Y una lágrima se derramó por su mejilla.
Todo se paró.
Y los ojos de Marino se cerraron. Y la silla dejó de mecerse.
Todo se paró.
Todo...
Al fin.


Nunca esperes que el tiempo resucite lo que está muerto.

jueves, 1 de mayo de 2008

-¡Deja de perder el tiempo, joder!

-¿Que deje de perder el tiempo? No sabes de qué hostias hablas, eres un puto gilipollas, como todos los demás. No me comprenderías.

- ¿De qué coño hablas? Lo único que digo es que no tengo ni puta idea de qué estás haciendo con tu vida, estás desperdiciándola. Tú nunca has sido así. Tú eres un chaval inteligente, y con mucho potencial. Pero lo tienes que aprovechar, porque sino...

-¡Sino, ¿qué?! ¡¿qué, qué?! Joder, estoy harto, estoy más que harto, no aguanto más... ¿Quién coño te crees que eres?

-¡Joder, no entiendo qué te pasa! ¿qué te pasa? Me lo puedes contar. Confía en mí.

-Una mierda que confíe en tí. Estoy harto de confiar y confiar.

-Mira, tranqulízate, lo que yo quiero decirte es que estás tirando tu vida por la borda, y como sigas así no va haber posible vuelta atrás. Tienes mucho camino por delante, y un buen camino. Aprovéchalo, aprovecha tu puta inteligencia. Déjate de chorradas y estupideces y cosas sin importancia, procura ser alguien de provecho. Procura ser Alguien. Porque tú puedes. Coño, tú puedes. Hay otros que no tienen la suerte que tú, y mírate, jodiéndote a tí mismo.

- ¡Calla, calla, cállate la puta boca! No tienes ni puta idea, estoy harto de tus palabras, estoy harto de las palabras de todos los demás. Harto de vuestras palabras. Estoy hasta las pelotas de que me pretendáis ayudar. No quiero vuestra mierda de ayuda. Sois unos malditos imbéciles. Vosotros, vosotros, sois vosotros los puñeteros culpables de que esté como estoy, muerto en vida, en medio de algo que no sé lo que es, caminando y "viviendo" en un sitio y de un modo que odio. Sois vosotros los que me habéis jodido la vida. Sois vosotros a los que os tendría que rajar el puto cuello. Yo no estoy tirando mi vida por la borda, no, no, joder, lo que estoy haciendo es intentando huir y escapar de toda esta mierda que me han impuesto desde que nací. Solo estoy intentando saber cómo puedo hacer volar esto por los aires. Solo quiero vivir. Vivir. ¡VIVIR! Y lo que no quiero es veros más, oiros más, no quiero vuestras vomitivas enseñanzas morales, meteos vuestros putos consejos por el culo. Cortaos las venas. Pero a mí dejadme en paz de una vez por todas. Tú eres uno más, uno más de todos esos hijosdeputa que me vienen con sus buenas palabras, alagándome y diciéndome qué coño tengo que hacer con esta muerte que vosotros os empeñáis en llamar vida. Te odio. A tí y a todos los demás. Tú eres un puto desgraciado, un puto inútil y un gilipollas esclavo, así que, entérate bien, no intentes convertirme a mí en todo eso.

-...

-Joder, no puedo más. No puedo más. Odio vuestras putas miradas de compasión, de pena. Odio vuestras miradas que me dicen: "Ay, pobrecillo, está desperdiciando su vida, pobrecillo..., lo está echando todo a perder...".
No os puedo sorportar más.
No puedo soportar más esta muerte.
De verdad que no puedo. Y no puedo seguir así. Soy un idiota, porque soy incapaz de dar el paso final. El salto definitivo. Porque no sé como hacerlo. Porque todavía hay un montón de cosas que me atan, y no puedo aguantar éso. No. No puedo... ¡¡¡JODER!!! ¿Qué coño hago?...
... Tal vez, sí, puede que lo esté echando todo a perder, pero dentro de mí siento que es eso exactamente lo que necesito. Echar a perder toda la mierda que me habéis metido dentro.
Porque siento que tendo que tirar por la borda toda esta basura.
Porque lo que sí que tengo claro es que quiero vivir...
¡VIVIR!

domingo, 30 de marzo de 2008

Solo hay que echar un vistazo a nuestro alrededor para podernos dar cuenta de que cada día somos menos protagonistas y partícipes de nuestra vida. A todos los niveles que puedas imaginar.

Necesitamos escapar de nuestra desgracia, de nuestro desastre, de nuestra miseria, de nuestra puta realidad, de la vida que supuestamente tenemos. Necesitamos olvidarnos de todo eso. Necesitamos olvidar que somos unxs malditxs esclavxs, unas malditas marionetas. Olvidar que no somos más que una pieza en todo este engranaje autoritario, destructivo y genocida.
Ya desde el momento en que nacimos nos convertimos en un objeto y dejamos de ser, no ya seres humanos, simplemente dejamos nuestra condición de seres vivos que desarrollan su vida en un entorno natural, saludable y de plena libertad.

Entonces no nos ha de extrañar –en mi caso por lo menos no ocurre- el hecho de que la gente necesite, cada vez más, ahogar su rutinaria y plastificada existencia. Nadie puede rebatir que ésto esté ocurriendo, ya que sería una muestra de negación evidente de la realidad.
Vivir nuestra vida en tercera persona, olvidar por un tiempo determinado nuestra vida, hacer uso de lo que el sistema nos ofrece en un intento de mejorar, alegrar, “enriquecer”… nuestra vida. Todo esto se pone cada vez más de manifiesto. Y la verdad es que no sé si dan ganas de llorar, de reír o de matar –la verdad es que dan ganas las tres-.

Y para hacer todo lo que he mencionado se usan diversos métodos, mecanismos, formas… llámalo como te plazca.
Por ejemplo la televisión y todo lo que ésta vomita es uno de esos métodos muy eficaces para poder olvidarnos por unos momentos de nuestra existencia. Concursos que embotan la mente, series y telenovelas que nos trasportan a otra realidad inexistente que logra que se esfume de nuestra cabeza la verdadera y horrorosa realidad, debates estúpidos e inservibles que captan nuestra atención y nuestra capacidad de razonamiento,… La cuestión principal es el lograr “relajarnos”, el lograr sumergirnos en un estado vegetal.


¿Qué sensación te produce la imagen de una persona riéndose, o llorando, o gritando, o, simplemente, con un gesto en la cara de profunda atención, mientras ve la tele?...

¿Para qué alguien necesitaría contemplar y sumergirse, como dije antes, en otra realidad que nos “entretenga” y nos produzca sentimientos y sensaciones enlatadas?
¿Para qué otra cosa sino para olvidarse por unos instantes de su propia realidad, de sus problemas, de sus agobios, de su trabajo, de su familia, de sus frustraciones, de su esclavitud; de su día a día que le consume y le tortura?

Y junto al ejemplo de la televisión podríamos incluir sin ninguna duda las revistas, los videojuegos e incluso los libros –y otros tantos ejemplos que podríamos citar-.

Porque, pregunto de nuevo, ¿para qué alguien necesitaría, por ejemplo, ver la televisión si su vida fuera una vida de felicidad, plenitud, libertad, salud…?
¿Para qué necesitaría ese alguien transportarse e introducirse en otras realidades que le consolasen o le desactivasen su cerebro?
Otras formas de ahogar nuestra existencia pueden ser los medicamentos y/o las drogas –que, al fin y al cabo, son exactamente lo mismo-. Diversas drogas y diversas pastillas, jarabes y demás… son usadas por la gente para poder olvidarse de su vida por un período de tiempo determinado. Para poder tranquilizarse, para poder dormirse, para poder “liberarse”, para poder “divertirse”, para… Otra vez, de nuevo, lo mismo. Un intento de esfumar nuestra existencia y nuestro día a día, nuestra realidad, de la cabeza.

En definitiva, todo lo que pone el Sistema al alcance de nuestras manos, lo cogemos, lo utilizamos sin dudarlo. Y lo hacemos para poder hundir nuestra maldita vida, ésa que seríamos incapaces de sobrellevar sino fuera por todo lo que he mencionado.



Cada vez estamos más asqueados con nuestra vida, cada vez es más falsa y más de cartón-piedra, cada vez somos unos objetos más pulidos y perfeccionados. Cada vez necesitamos más instrumentos, métodos y formas que logren el que podamos escapar de nuestro día a día.
Y necesitamos cada vez más instrumentos-métodos-formas porque la Realidad es cada vez más insoportable, destructiva, holocaústica y denigrante.

miércoles, 6 de febrero de 2008

Veo esas rocas. Esas piedras.
Y...
siento asco. Y repugnancia.

Con una sola mirada. Con una sola contemplación... Tengo ganas de restregar mi pis y mis heces sobre esos cuerpos. Sobre esos posters. Y esas revistas. Y esas fotos. Y esos anuncios. Y esas pasarelas.
Solo siento aversión. Y ganas de vomitar.


Los cánones de belleza que se nos impone desde los escaparates de la Civilización y de esta cultura. Esos cánones son lo peor. Lo más bajo y ruín. Lo más repulsivo.


Y si crees que no es así. Venga. Mira.
Contempla las revistas. Da igual de qué sea. Economía. Prensa rosa. Deportes... Da igual. Abre las páginas y podrás observarlo por tu cuenta.
Esqueletos que nos saludan y nos sonríen.

Sal a la calle y verás.
Zombis con dos bolsas de plástico en el pecho, morcillas en los labios, desechos en el culo...
Zombis que llevan calzoncillos con el nombre de algún estúpido famoso. Y que tienen una tripa que más que carne, parece cemento.
Zombis que, está claro, te tienen que excitar enormemente.

Espectros más que seres humanos.

Seres patéticos que creen poseer el culmen de lo bello y lo excitante.


Una de las grandes y efectivas tareas de la Civilización es crear enfermedades. Y esta de la que hablo es una de ellas.
Niñas alocadas, que chillan y lloran y patalean por que quieren tener las tetas de esa gran actriz. Y también quieren tener sus ojos, y sus labios, y sus pómulos. Y su culo. Y sus piernas depiladas. Y sus uñas muy bien arregladitas. Desean con todas sus fuerzas tener esa tripa que no sobresale ni un centímetro. Quieren sonreír como ella. Y que todos y todas se arrodillen a sus pies al verla. Deslumbrar con su gran belleza. Su gran belleza a base de potingues, y cremas, y perfumes, y medicamentos, y comida sin un mínimo de alimento, infectada y con sabor a plástico y cartón.
Su gran aspiración en esta vida, su gran sueño, su gran meta, es esa: tener todo eso que haga que todo el mundo la identifique como bella. Y hará lo que sea por conseguirlo.
Lo peor de todo es que los demás también se lo pedirán. Le reclamarán -de una forma directa o indirecta- que haga lo que sea por ser guapa, preciosa... Y si al final lo hace, por supuesto que todo el mundo la alabará y le dirá que está deslumbrante y despampanante.
Y lo mismo pasa con los chicos. Exactamente igual.

Vamos en busca de un producto deformado y contaminado, débil y horroroso. Salido de la fábrica de esta nuestra puta cultura. De la fábrica de esta nuestra puta civilización.
Deseamos adquirir ese producto.
Por que, por supuesto, ya no es un ser humano. Ni un ser vivo. Es una roca por la cual se desvive todo el mundo. Todo el mundo desea esa roca. Nadie se atreverá a escupirla, y vomitarla, y defecar encima de ella. Nadie la pateará. Ni se reirá de ella.


Fíjate.
Enciende la televisión, mira cualquier revista, pasea por las calles de la ciudad, ve a un desfile de espectros...
Y si eres alguien normal, lo normal será que te excites o que, simplemente, pienses, al primer instante, que todas esas rocas que ves son unas bellezas extraordinarias, unas rocas preciosas, guapísimas. Tenga pene o vagina. Polla o coño. Esa roca es todo un bellezón.

Fíjate.
Y si eres alguien normal. Y civilizado. Si es así, seguro que desearás ser como esas rocas. Seguro que deseas ser un producto. Y ponerte a la venta. Y que puedas elegir tú mismo/a quién será tu consumidor/a.

Lo único que vende en este mundo es la imagen.
Una imagen que solo refleja seres putrefactos.
Rocas.


Este es el circo de nuestro mundo. De nuestra sociedad.
Espectros sonrientes y admirados por todos y todas.

Esto es lo que produce la civilización.
Piedras que algun día tal vez fueron seres humanos.
Y "seres humanos" deseosos de ser piedras.

sábado, 2 de febrero de 2008

Por poner un ejemplo, el fuego es uno de nuestros mejores amigos.
Es un elemento muy útil para reducir a escombros, a cenizas, todo vestigio de la Civilización.


Usaremos todo lo que esté a nuestro alcance.
No nos temblará la mano a la hora de aniquilar lo que aniquila nuestras vidas, y la Naturaleza. Nos da igual la opinión popular, los acuerdos, las votaciones, las buenas intenciones, los discursos enternecedores... nos da igual toda esa patraña. Nos da igual. Y no daremos, nunca, un paso atrás. Nunca dudaremos a la hora de atacar, hasta hacerlo desaparecer, todo aquello que nos sumerge en la esclavitud y la muerte. Por mínimo que sea.
No queremos mediastintas.
Todo o nada.
Rechazamos las propuestas -por muy viables que sean- que, aveces incosncientemente, son planteadas en los esquemas de este Sistema actual. Sean del color que sean. Lleven el nombre que lleven. Da igual. Serán rechazadas. Y atacadas. Siempre.

El Sistema debe desaparecer por completo. No debe quedar nada, absolutamente nada de él.
La Civilización debe ser destruida al cien por cien. Y no debe quedar nada, absolutamente nada de ella.

Todos aquellos que se creen muy radicales. Que vomitan por su boca palabras contra el Estado y la autoridad, pero que, realmente, lo que desean no es huir del Sistema y destrozarlo, por que el Sistema, verdaderamente, no les desagrada tanto... Todos esos solo se merecen el desprecio, al querer perpetuar la esclavitud a la que nos somete el Sistema.

Usaremos todo lo que esté a nuestro alcance, y nos sirva de ayuda para hacer desaparecer esta Realidad.

Ya está bien de tanta mierda. Ya está bien de la tortura del día a día. Ya está bien de soportar esta muerte. ¡Resucitemos!
Ya está bien de hablar con la bocachica.
Hablemos claro, y bien alto.
Este Sistema está destinado a ser destruido si de verdad queremos ser libres, y tener una vida digna y feliz, si de verdad queremos vivir en total armonía con la Naturaleza.

Y no. No nos temblará la mano.
Vamos a hacer que esta Realidad se derrumbe para poder contruir otra totalmente nueva. Para vivir en anarquía.
Y quienes quieran seguir manteniendo almenos algo de todo aquello que nos convierte en objetos, siempre nos encontraran enfrente, con mirada de furia. Siempre serán atacados.



La Realidad actual será derrumbada.

miércoles, 30 de enero de 2008

Alguien como tú me diría que soy un vago y un estúpido. Un anormal. Un tarado mental.

Alguien como tú vomitaría al verme. Y me escupiría. Y me diría que no tengo futuro alguno. Que estoy perdido.

Alguien como tú me miraría con repugnancia. Y me diría que soy un perdido. Que este no es mi sitio. Que no sirvo para trabajar. Ni para estudiar. Ni para funcionar en esta sociedad.

Sí.

Alguien como tú no dudaría en decir que yo sobro en este mundo. Que soy una pieza, de toda esta maquinaria, de la cual se puede prescindir sin duda alguna. Que soy un loco. Que no tengo moral, ni soy un ser sensible y caritativo.

Alguien como tú al instante de verme pensaría que soy un puto animal. Y me lo dirías. Me dirías bien alto que mis actuaciones y mi forma de pensar no son propias de una ser humano normal y corriente, y digno de admirar.

Alguien como tú, desde el primer momento, me gritaría con asco que soy un imbécil. Un inútil. Joder, que soy un tío del cual nadie de este Sistema podría sacar algo provechoso. Que cualquiera que pertenezca a este Sistema y que me conociese, le darían ganas de no haberlo hecho, de no haberme conocido, de haberse quedado en casa viendo la televisión.
Alguien como tú me diría que ya me puedo ir olvidando de ser alguien en esta vida.
Alguien como tú me volvería a decir que soy un jodido vago de mierda.
Alguien como tú me diría que no tengo educación. Ni respeto. Ni tolerancia.

Alguien como tú me diría que soy un puto ser acivilizado.

Sí.



Y alguien como yo te respondería con una gran sonrisa en la cara:


Lo sé.

viernes, 25 de enero de 2008

No, por favor. No hace falta que usted se mueva.

Nosotros nos desvivimos por usted.
Nosotros somos su salvación. Nosotros somos los que ponemos delante de sus ojos un escaparate en el cual verá lo que, un segundo después... o dos, como mucho cinco, deseará usted tener. Nosotros ponemos a la venta la razón, y usted únicamente tiene que adquirirla por un módico precio. Nostros le vendemos su libertad, y usted no tiene más que pagarla.

Todo lo que usted piensa, de la forma en que se comporta, todo lo que usted tienen en su posesión, todos sus deseos y sus aspiraciones y sus retos y sus esperanzas y sus logros y sus derrotas y sus limitaciones y sus cualidades y sus sueños y sus pesadillas... todo, todo es suyo por que nosotros lo ponemos a su disposición. En el escaparate. Y nosotros no hacemos que lo desee por la fuerza. No usamos la coacción. No, no. No se equivoque. Simplemente lo que nosotros le ofrecemos a usted, lo que nosotros le vendemos, lo que nosotros le mostramos, todo, todo... es lo mejor, es lo más beneficioso, es lo que le agradará más, es lo más ecológico y lo que cualquier ser humano necesita paras ser Alguien.


El Progreso es libertad y comodidad. Y felicidad.
Y por eso nosotros le facilitamos ese Progreso.
Ser progresista es lo único viable... y aceptable.


Este es el mejor de los mundos. Mire a su alrededor.
Tecnología, materialismo, destrucción del planeta con el adjetivo de "ecológico" y "sostenible", consumismo, exterminio, muerte, sonrisas de cartón, aniquilamiento de la capacidad creativa del ser humano, embotamiento del cerebro, creación de necesidades estúpidas,...
No se puede usted quejar. No me negará que, a pesar de todo esas nimieces, usted es feliz y libre.

Nosotros somos quienes le acariciamos, le cuidamos, le educamos, le besamos, le reñimos, le felicitamos...
Nosotros somos lo que usted necesita. Somos su salvación.
Nosotros somos el Sistema. La Civilización.

Usted únicamente... ¡disfrute!
Tiene en su mano toda una serie de posibilidades. Tiene en su mano la mayor suerte que nadie podría tener.
Usted está viviendo en el mejor de los mundos, en la mejor de las épocas, en el mejor de los tiempos.
Usted únicamente... ¡disfrute!
Tiene una vida de comodidad y placer. De alegría y consumo. De risa y confort.


Nosotros somos sus salvadores.
Usted únicamente...
¡disfrute!
¡trabaje!
¡trabaje!
¡consuma!

¡consuma!
¡consuma!
Usted únicamente...

¡¡sea feliz!!

viernes, 18 de enero de 2008

Joder. No te quiero desanimar, pero...
Sé consciente de que tus proyectos se pueden ir, muy fácilmente, a la mierda.
Pero también has de ser consciente de que otras veces es preferible mandar tú mism@ a tomar por culo "los proyectos" e ir a por todas, sin más.
Trazar un plan no siempre es lo mejor.
Ponerte una tela -o un puto trozo de plástico- estirada a unos cuantos metros, poniendote el objetivo de que, sea como sea, tienes que llegar hasta dicha tela -o dicho puto plástico- de forma que cuando llegues la rompas corriendo con una sonrisa triunfante, y el sudor empapándote el cuerpo entero; no siempre es "lo que hay que hacer"; no siempre significa que vas a subir al pódium y te van a dar un trofeo.
"Ir a por todas, sin más"; seguramente sea de
loc@s, pero, tal vez, no siempre haya que mostrarse y, más aún, actuar como alguien "cuerdo", "sano" y "respetuso". Tal vez es preferible hacer ésto último lo menos posible.
Tal vez la locura sea lo único que nos puede salvar.
Seguramente.


La verdad es que no sirve de nada que gimas si al final no te corres.
Si al final no prendes la mecha, da igual que construyas una bomba.
Ya me entiendes, ¿no?
No sirve de nada que segregues mucha saliva, que incluso juntes con todo ese montón de líquido de viscosidad variable, todos los mocos que puedas; si al final no lo escupes en la puta cara de ese/a imbécil que tienes delante y que odias muy mucho.
La verdad es que no. Excepto para perder el tiempo, no sirve de nada.

Mira, te voy a ser sincero. O eso creo. A fin de cuentas, no yo soy yo el que se lo tiene que creer o no, si no tú. A no ser que estés dispuest@ a perder el tiempo.


Esto no es ciencia-ficción.

Que yo me llamase Roberto, que tuviese 15 años y que estuviera hasta las jodidas pelotas de la rutina de todos días y que por fin, después de tanto gemir, me haya corrido: no, no es ficción, no es ningún puto culebrón de la TV. Que al final acercase la llama a la mecha de la bomba que llevaba tanto tiempo construyendo, no, no es ningún película de Jolibud. Aunque si lo fuese me podría sacar unas cuantas pelas. Tal vez podría ser algo más... ¿cómo decirlo?... "afortunado"; o tal vez no, y mis desesos de rajarme el cuello serían aún mayores.
El caso es que no te estoy contando ninguna trola... o puede que sí.

Bueno. La cuestión es muy sencilla. Ya te lo he dicho antes.
No podía más. Lo sabía; sabía que un día tenía que soltar toda esa mierda que tenía acumulada. Sabía que un día toda esa mierda la iba a chorrear; sabía que sería imparable y que mis heces cubrirían todo mi alrededor. Así es.

La verdad es que llevaba mucho tiempo construyendo una bomba. Llevaba mucho tiempo gimiendo, gimiendo y gimiendo; más y más. Pero la verdad también es que nunca me decidía a encencer la mecha. Ni a correrme. Tal vez fuese "miedo". Yo que sé.

Pero ahí estaba: el imbécil de Roberto aguantando su inaguantable vida. Aguantando la puta rutina de siempre. Ahí estaba yo: Roberto, un criajo de mierda; un niñato estúpido, que siempre se estaba quejando de todo; un chavalín insoportable, que siempre estaba dando la chapa a la gente con el cuento de La Destrucción, de La Huida y de La Subversión. El típico niñato que se está haciendo todo el día pajas pero al final no es capaz de soltar su semen, al menos no toda la cantidad de semen que se supone que él quería, al menos no todo el semen sufieciente; tal vez una o dos gotillas, pero no mucho más. El típico tarado que se pasa todo su tiempo construyendo un explosivo, un explosivo que si se utilizase podría volar todo lo que se encontrara a bastantes kilómetros a la redonda; el típico gilipollas que ocupa todo su tiempo en construir una bomba, y que, cuando ésta ya está lista para ser usada, siempre la encuentra alguna pega, siempre busca -y encuentra- alguna excusa para no hacerla estallar. Maldito capullo.


En efecto.
Ahí estaba yo, con mis 15 años, de nombre Roberto García Aceituno, con DNI 65584930-Z, siempre viviendo en la misma puta calle (Alberto Salpenterio, 23), y viviendo, siempre, con mi padre. Siempre lo mismo. Siempre viendo a mi padre tirado en el sofá como una mierda y envuelto en lágrimas, por que pasados 8 años, todavía es incapaz de superar el suicido de mi madre. La verdad es que yo no me acuerdo mucho de ella. Joder, yo al menos no estoy todo el día culpándome de su muerte. Joder, yo al menos soy capaz de tirar pa´lante. Pero mi padre no, siempre tenía que verle amargado, sin ganas de hacer una mierda, soportando su curro de siempre. Ese que odia con tantas fuerzas pero que nunca se decide abandonar. El mismo rollo de la bomba y la paja. De tal palo, tal astilla. Al menos, respecto a algunas cosas, ese dichoso refrán se cumple.

Ahí estaba yo. Levantándome a las 6:13 de la mañana. Todos los putos días. Todos los putos días metiéndome en el estómago dos tostadas de mermelada o de mantequilla, un café, y de vez en cuando algún bollo. Bah. Y después a quitarme las ronchas de basura que se me quedaban entre los dientes. Y después... Y después a vestirme, y a coger la mochila, y a bajar a la calle para coger el autobús, el autobús 54. Y llegar al instituto, ver las mismas putas caras de siempre, todos con un sueño del copón, de vez en cuando echándonos algunas risas y otras veces cagándonos en los jodidos y odiosos estudios. Cagándonos en alguna profesora. O en algún profesor. Pero solo erán quejas. Y luego a soportar las mismas putas clases de siempre; la misma puta manipulación de siempre. Siempre lo mismo. Siempre viendo a la misma gente. Todos los putos días, viendo como tirábamos nuestra vida por la borda. Viendo como arruinábamos nuestros minutos. Viéndonos ahí, tirados en el pupitre, aguantando a ese pobre desgraciado, contándote alguna basura sobre Historia, o Matemáticas, o Literatura, o tal vez sobre Química. Mirando a tu alrededor. Todos muertos. Intentándonos engañar a nosotros mismos; diciéndonos que eso era lo normal, lo mejor; que eramos unos afortunados; que teníamos la suerte de poder estudiar; siempre intentándonos mentir. Y algunos lo conseguían.
Es jodido ver como arruínas tu juventud, o tu infancia, o lo que sea. Tu vida.

Era muy fácil quejarse, era muy fácil. Sí. Pero más fácil aún era decir que no había nada que hacer, que no podíamos cambiar las cosas, que no podíamos modificar ni un ápice del estado de cosas, que tendríamos que soportar esa rutina siempre, siempre, hasta que llegará el día de aguantar la rutina de la explotación laboral. Siempre lo mismo. Todo los putos días intentando apartar de nuestra cabeza todas esas quejas, intentando pensar en otras cosas, intentando reirnos, o pensar en positivo. Mintiéndonos. Ocultando la bomba que llevábamos contruyendo durante tanto tiempo. Día a día. Intentando encontrarla algún defecto para no prender la mecha, y que todo volase por los aires. Por los aires. Y que al fin pudiéramos sonreir, y abrazarnos, y reir de verdad, de corazón. Y que al fin pudiéramos recuperar nuestras vidas. Ésas que llevábamos consumiendo desde que nacimos y nos "integramos" en los mecanismos de la sociedad.

No jodas. Teníamos que escapar de eso cuanto antes. Tenía que huir de eso lo más pronto posible. Tenía que huir, pero prendiéndole fuego. Ya sabes. Correrme.

Mi vida de mierda. La rutina de siempre. Siempre lo mismo. Todos los putos días.
¿Acaso no tenía que hacer que todo eso estallase?
¿Acaso no estás deseando tú lo mismo? No me digas que no tienes ganas de hacerlo cuanto antes. Por que sí que las tienes. Pero seguramente sea el miedo lo que te lo impida. Yo que sé.

Y no me preguntes cómo. No me preguntes qué hacer. No te lo puedo servir todo en bandeja de plata.

Yo simplemente: lo hice.
Logré escapar de la escena de mi padre ahogándose en sus mocos y su agua salada; de mi padre observando con rabia las fotos de mi madre, de ésa de la que, a decir vedad, yo me acuerdo muy poco. Viendo a mi padre muerto. Como una puta escoria. Un residuo. Un tío destruido por su vida, por sus acontecimientos, por sus sueños, por sus esperanzas, por sus miedos, por su pasado, y por su futuro... Logré huir de mi desayuno con tostadas de mermelada, o de mantequilla, y de ese café, y de ese bollo.
De ver siempre a la misma puta gente. De ver a esos desgraciados metidos a profesores, soltando por la boca mierda sobre Literatura, Matemáticas, o tal vez Química. Huí de la mirada a mi alrededor, y de vernos a todos nosotros muertos, tirados en nuestros pupitres, soltando nuestros últimos estertores.
Huí de levantarme a las 6:13. Huí del autobús 54.
Huí de Alberto Salpenterio, 23; de mi número de identificación; de mis 15 años,
de mi nombre.
Huí de Roberto García Aceituno.

Y si acaso estás pensando que me suicidé, realmente no te equivocas. Maté; asesiné toda mi vida de plástico, torturé, para acabar aniquilándola, a mi rutina. Me suicidé. Asesiné a todo eso que conformaba toda mi existencia. Hice lo que desde siempre quise hacer.

Pero la verdad es que sigo vivo. O tal vez, he nacido. Tal vez todo este tiempo estuve muerto.
Aquí estoy. Contándote toda mi desgraciada vida.
O tal vez solo una parte de ella.


Yo lo logré. Lo hice. Cumplí. Escapé. Huí.
Yo sí.
Al final lo logré.
Sí.
Al fin lo hice.
Prendí la mecha.
Sí.
Escupí.


Por fin me corrí.

martes, 1 de enero de 2008

Ni feliz año nuevo ni hostias; lo siento por todxs vosotrxs, pero no hace falta que me felicitéis el año nuevo, no quiero deseos de salud y prosperidad, no quiero sonrisas, ni felices dosmilocho, lo siento, pero no me felicitéis el año esperando que os conteste, joder, dejemos atrás tanta estupidez.
No existe el 2008, ni existió el 2007. El tiempo es el agua que intentamos meter en un vaso, pero ese agua rebosa el puto vaso.

Así que dejaros de estupideces.

Yo también os quiero mucho y todo ese rollo típico-tópico.
Que sí, que sí.
Pero, ¡venga!, ahora vayamos al fondo de la cuestión, de la raíz, ahora hablemos de una vez por todas en serio.


Cuando agonice, cuando la sangre me cubra toda la cara, cuando el agua salada rebose mis ojos, cuando mis manos se cierren para seguidamente darle un puñetazo a la pared con el deseo de que me se me destrocen los nudillos, cuando me quiera rajar las tripas, cuando quiera chillar y escupir mocos, flemas..., cuando esté tirado en una puta esquina, cuando mis brazos -chorreando sangre- se abran intentando a abrazar a algo más que el aire, cuando busqué con mis ojos llenos de furia otros ojos que me digan "tranquilo, estoy contigo, te quiero, estoy contigo", cuando quiera apedrear este puto mundo, cuando quiera hacer volarlo todo por los aires, cuando apriete mis dientes con fuerza, cuando quiera que mi lengua chupe el asfalto, cuando me quiera sacar la piel a tiras, cuando quiera besar con fuerza alguien con mis labios llenos de sangre... cuando todo esto ocurra...
¿estarás ahí? ¿estarás a mi lado? ¿no te olvidarás de mi? o aunque sí te acuerdes de mi... venga, dime la puta verdad, ¿estarás a mi jodido lado, o te alejarás de mi? ¿¡estarás a mi jodido lado, o simplemente me dirigirás palabras de compasión!? ¿serás tú el que enciendas el mechero, acercando el fuego a la mecha de la bomba para que todo estallé, y me abrazarás sonriendo, riéndote de todas las ruinas, no te importará mancharte con mi sangre, mi pis, mis heces, mi sudor... no te importará besarme, o desearás alejarte de mi?

Háblame en serio.

Déjate de hipocresías. No me importa que me hables bien, que te muestres simpáticx conmigo, no me importa -es más, me gusta- que podamos tener una buena "relación". Pero... a partir de ahí... ¿hay algo más? ¿Repudio o verdero amor-amistad?

Cuando la vida me lance otro disparo... ¿serás capaz de meter tu mano entre mis repugnantes organismos para sacarme la bala? ¿Te rebozarás conmigo en el barro, entre la sangre y los excrementos?...
¿Me sonreirás y me dirás "TE QUIERO"?


Ahí es donde está la verdad de todo el puto asunto del amor, la fidelidad, los deseos, la amistad...
Ahí, y no en otro jodido lado.

lunes, 24 de diciembre de 2007

CORTILANDIA ES NAPALM

El pasado jueves 20 de diciembre, un grupo de personas llevaron a cabo una acción en uno de los centros neurálgicos del consumismo navideño, El Corte Inglés, y efectuaron su plan introduciendose entre el gentío atónito ante uno de los más llamativos espectáculos de estas fechas, el mísero escaparate ludico navideño: Cortilandia.

A pesar de la lluvia, varios centenares de personas se agolpaban viendo a los populares y rídiculos muñecos cantar el tema navideño que hace honor a esos grandes almacenes.Todo de cara a los más pequeños,desde los primeros años, y todo al disfrute del consumidor satifecho.
Muchos de ellos llevaban ya sus bolsas de regalos, otros esperaban a que terminase el espectáculo para comenzar sus compras.
Mientras los autómatas cantaban su canción y aquellos que a menudo se comportan como tales los contemplaban absortos, emprendimos nuestra acción, consistente en repartir gratuitamente entre los presentes un CD de villancicos muy especial: Sólo contenía un villancico que, tras un minuto, se interrumpía para dar paso a la voz de una compañera que leía un comunicado, "Cortilandia es Napalm".

Varias decenas de personas se fueron a su casa felices, con su CD de regalo. Esperemos que estas Navidades, cuando se dispongan a escucharlo en familia,a más de uno se le traganten los deliciosos polvorones. Pensarán quizá que hemos usurpado la rutina habitual de cada año y el dulce ambiente mononucleósico familiar. Así es.
Nuestro mensaje no es nuevo, no diremos nada que no haya sido dicho con anterioridad, mas justamente, ante el escenario del engaño, nuestro pesar toma aliento y escojemos las formas en que podamos ser escuchados para introducirnos en sus hogares, romper la hipocresía, exponer aquello que es raíz de todo cuanto nos es brutalmente dañino y bien lo saben y aun así no admiten, pues ya sabemos que la aceptación es transitoriamente dolorosa...

Es probable , pues no somos optimistas, que esto no vaya a cambiar nada. Escucharán atónitos y después seguirán cenando como si nada. Pero quizá algún tímido oído ande despierto esa noche y al ensancharse quiera decirle a los ojos que observen y a la mente que pregunte y averigüe...

Hoy nada puede ser tan facilmente alegre y despreocupado y ansiamos que lo sepan.

Cortilandia, La Sociedad de la Abundancia, es napalm y algún día la lluvia llegará también hasta sus hogares y no podrán refugiarse en ningún lugar.


Texto del comunicado:

Cortilandia es napalm.

Queridos amiguitos, un año más la magia y la ilusión de la navidad llegan a vuestros hogares. Mirad que decorado hemos preparado este año para ti y los tuyos. Observad las luces y los anuncios. Observad las tiendas y esas grandes cenas de navidad. Observad vuestros excesos. Observadlos bien, porque la civilización que promueve el cartón piedra del alegre Cortilandia es la misma que arroja bombas sobre Irak y Afganistan.

Cortilandia es napalm.

"En cada regalo un poco más de navidad", dice el anuncio que preside la entrada de El Corte Inglés. Nunca un lema había sido tan acertado. El Corte Inglés es el espíritu de la navidad: en una mano la solidaridad, en la otra la muerte en el tercer y en el primer mundo. Mano de hierro, guante de seda. El Corte Inglés es la barbarie. El Corte Inglés es elauténtico eje del mal.

Cortilandia es napalm.

Todo este escandaloso derroche persigue crear una realidad falsa que sustituya la aventura por el final feliz a lo Walt Disney, la rebeldía por una revista de tendencias y la comunicación por un cartel publicitario que germina en una filosofía particularmente fría. Cortilandia es napalm.
Niños, niños, desobedeced a vuestros padres. Gritad, reid, bailad, arrancad las páginas de vuestros libros de texto y nunca, nunca dejéis de haceros preguntas. La sonrisa de Santa Claus es "el último grito". Mundo muerto. Se burlan de ti. Los Reyes son los padres. Todo esto debe ser destruido y, con ello, el aburrido "rasca y gana" que es este sistema.

Cortilandia es napalm.

Es probable que sólo queden un puñado de generaciones para el fin, y no nos referimos al móvil de tercera o cuarta generación que le has pedido a Santa Claus. La sociedad terrorista se ha impuesto, no con la fuerza de las armas sino con las de la propaganda. Cuando el diálogo se convierte enpropaganda la miseria es la dueña del mundo. La propaganda es el arma de destrucción masiva del nuevo milenio. El Corte Inglés es propaganda.

Cortilandia es napalm.

Ya no existen zonas neutrales. El estado de excepción es la norma. El mundo, de norte a sur y de este a oeste, vive en guerra permanente. Lo que ocurre aquí, en esta ciudad de mierda satélite del capitalismo salvaje, afecta a la totalidad. Nada está aislado. Cortilandia es napalm
La mercancía lo gobierna todo. Pórtate bien y así serás premiado con un coche nuevo, una nevera nueva, un cuerpo nuevo, si no… ¿a quién le venderíamos la navidad?

Cortilandia es napalm y nosotros sus inversores.


Saludos a aquellos que, en este frio invierno, se están quemando los dedos.

Saludos y muchos ánimos a nuestros compañeros presos.

Saludos y todo nuestro apoyo a la chusma de los suburbios franceses que ha sido capaz de destruir toda esperanza de vivir unas tranquilas y rutinarias navidades.

Saludos y coraje para los resistentes de los poblados de los alrededores de Madrid que demostraron que la solidaridad aún sigue viva.

Saludos y fuerza a los vampiros y a los trabajadores de la noche.

Viva el gesto de aquella persona que tuvo la osadia de mear en el interior del retrete de Duchamp.

Vivan los salvajes.

¡Cortilandia es napalm!
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Para escuchar el audio: http://www.nodo50.org/lafelguera/audio/


¡¡POR LA DESTRUCCIÓN DE LAS NAVIDADES!!
¡¡POR LA DESTRUCCIÓN DE LA CIVILIZACIÓN!!

¡¡QUEMEMOS TODOS LOS CORTE INGLÉS Y DEMÁS GRANDES COMERCIOS!!
¡¡ARRASEMOS CON ESTA SOCIEDAD DE MENTIRA E HIPOCRESÍA!!

¡¡SALGAMOS A LA CALLE CON PIEDRAS EN LAS MANOS!!
¡¡DESTRUYAMOS CORTILANDIA!!

¡¡FOLLEMOS, GRITEMOS, ABRAZÉMONOS, BESÉMONOS!!
¡¡SALGAMOS A LA CALLE PARA DESTRUIR ESTA CIVILIZACIÓN!!

¡¡EL CORTE INGLÉS ES NAPALM!!
¡¡Y LOS REYES MAGOS SON LOS PADRES!!


¡¡¡¡CORTILANDIA ES NAPALM!!!!

viernes, 14 de diciembre de 2007

Deja de engañarte.
Haz añicos a tu esperanza. Destrúyela de una jodida vez.
Deja de pensar que las cosas saldrán bien. Deja de creer que todo tu esfuerzo servirá para algo útil. Para tener un futuro mejor. Para ser más feliz. Para estar agusto contigo mismo. Olvídate de todo esa mierda. Joder. Olvídate de esa patraña.

Deja de encadenarte a la esperanza.
Deja a la confianza de lado.
Deja de intentar ser perfecto.

Toda esa mierda. Olvídala.

Deja de creer en un futuro feliz. Deja de creer que siempre agradecerás lo que tienes. Deja de creer que nunca te quejarás. De que siempre estarás contento.
Deja de creer en la felicidad.
Deja de creer que la esperanza es lo último que se pierde. Deja de creer que la esperanza, al menos, es lo que siempre te mantendrá vivo.
Deja de creer que eres algo más que un simple amasijo de materia. De materia en descomposición.
Deja de creer que tu vida será próspera y productiva. Y digna de admirar. Deja de creer que si agachas la cabeza y te esfuerzas, nunca podrás decir nada malo de tu vida. Y de ti tampoco.

La autocomplaciencia es una puta mierda.
La esperanza y la felicidad son unas tiranas.
Todo eso es una basura.

Así que, venga, olvídalo ya.


La esperanza de que todo saldrá bien.
La esperanza de que todos tus problemas se solventarán.
La esperanza de que las cosas no cambiarán y de que, si lo hacen, siempre será para mejor.
La esperanza de que siempre estarás feliz y sano. De que nunca agonizarás de dolor.
La esperanza de que el dolor nunca se acordará de ti. Sí del de al lado. Pero no de ti.
La esperanza de que si te esfuerzas obtendrás el fruto de dicho esfuerzo. La esperanza de que ese fruto no estará podrido. Y aguseneado.
La esperanza de que si estudias tendrás un futuro mejor.
La esperanza de que llegarás, al menos, a tener un futuro.
La esperanza de que nunca serás un hijo de puta.
La esperanza de que todo lo que tienes será para siempre. Que nunca lo perderás.
La esperanza de que siempre habrá alguien que contestará a tu llamada.
La esperanza de que alguien alguna vez te necesite. Y te admire. Y dependa de ti.
La esperanza de que siempre habrá alguien pendiente de ti.
La esperanza de ser el lider de algo. La esperanza de que algún día te aplaudirán y te abrazarán.
La esperanza de que siempre que te muestren cariño, ese cariño será totalemente verdadero.
La esperanza de que todas las personas a las que amas y quieres y adimiras, siempre estarán ahí. La esperanza de que serán eternos. La esperanza de que nunca los perderás. La esperanza de que nunca te traicionarán. La esperanza de que nunca morirán. Al menos, la esperanza de que tú no los verás morir.
La esperanza de que lo "bueno" durará para siempre.
La esperanza de que habrá algo bueno.
La esperanza de que la eternidad durará más de un segundo.


Vamos, hostia, olvida toda esa repugnante y vomitiva mierda. Todas esas mentiras.
Abre los putos ojos.
La esperanza te está consumiendo.
Te está matando.
Date cuenta ya, joder.

Deja de esclavizarte a tus sueños y a tus esperanzas.
Deja de autoengañarte y autocomplacerte.

Hazme caso.
Haz añicos tu esperanza.
Destrúyela.


Deja de engañarte.

Deja de tener la esperanza de que todo esto que digo es mentira. La esperanza de que todo esto que ves escrito provenga de un puto majara. De un loco incapaz de saber lo que dice. La esperanza de que todo esto es un completo sin-sentido.

Venga.

Suéltate. Libérate.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Siempre he sido un arrastrado de mierda. En serio, tio.
Lo peor de todo es que tú siempre me has avisado
"Oye, colega, tú vida es una puta mierda. Eres un jodido esclavo. Haz algo. Suéltate. Escupe todas esas flemas de odio que llevas dentro. Rompe tus cadenas."

Pero no es tan fácil como suena, tio. Para nada. ¿No te das cuenta, tio? Es lo más díficil de esta puñetera vida. ¿Y sabes por qué? ¿Lo sabes? Bueno. Sí, sí lo sabes. Tú eras el que siempre me lo decías. Claro que lo sabes. Y yo me acabo de enterar.
Me acabo de enterar de que la comodidad es una hija de la gran putísima. Menudo zorrón, tio. Ésa es la que ha consumido mi vida. La mía y la de otra tantísima gente. También la vida de ese/a cotilla que ahora está leyendo esto que no le incumbe.

La comodidad. Se intenta instalar en tu vida. Te llama. Te dice "yo soy lo que tú necesitas. Serás feliz. Y libre. Te ahorrarás muchos problemas. Vamos. Acéptame. ¡Acógeme!"
Te tortura psicológicamente, tio. E inconscientemente, la acoges, sin pensar ningún puto segundo en otra opción. Te la llevas contigo.
Como hice yo.
Tio. Sé lo que estarás pensando "Menudo imbécil, le avisé, se lo decía todos los días, hostia, y ahora mírale, lloriqueando" Y tienes razón.


Mi vida era perfecta, tio.
Una casa de 120 metros cuadrados. Piscina. Jardín. Parque. Televisión de pantalla plana. Un frigorífico último modelo, atiborrado de "comida". Una cama grandísima con un colchón viscolatex. Una asistente que me hacía la comida y me limpiaba todo resto, por mínimo que fuera, de polvo. Dos cuartos de baño para mi solito. Un llacusi. Un armario lleno de "ropa". Y "ropa" de la mejor calidad. No te creas, ¡eh! La más cara. Bueno... y un montón de cosas más.
Y vivía solo. Solito. Todo pa' mi.
Tio, también tenía un trabajo. Y, bueno, no estaba nada mal. Era articulista en un periódico de mediana importancia. 1.205,55 €. Joder, tio, es un sueldo "importante". No está nada mal. Bueno y me jefe... no se... a ti nunca te agradó, llegabas a decirme que le quemará su lujoso BMW, que le dejará heces en la mesa de su despacho... y no se cuántas locuras más; pero... no se tio... a mí no me caía mal. No muy mal. No tanto. Él formaba parte de toda esa comodidad en la cual siempre he estado acomodado.
Y, bueno tio, tenía bastante tiempo libre. Ya ves. Podía ir al cine. Al teatro. Incluso a la ópera si no había derrochado mucho en ese mes. Podía ir al bingo. Al parque de atracciones. Podía jugar largas horas a la Pley esteison. Bueno... y un montón de cosas más. Ya te digo.

Era feliz. Y libre.

Y ahora es cuando me doy cuenta de que ése es el problema, joder. Tio, no te escuchaba y no te hacía caso porque la "comodidad y la felicidad civilizada" me habían corroido por dentro.

A tomar por culo. Todo a la mierda.
Duele mucho el echar la vista atrás y darte cuenta de que has estado muerto durante tantos años. Ver que todo ha sido rutina y comodidad. Insignificancia. Perfección... Duele mucho saber que, tal vez, ya sea muy tarde para resucitar. Los milagros no existen. O eso es lo que dicen, tio.

Un arrastrado de mierda. Éso es lo que soy. Y me doy cuenta ahora.
¿Y ahora qué cojones hago? ¿Puedo acaso hacer algo?

No se si volarme los jodidos sesos o si volárselos a todos esos hijos de puta, cómplices de mi comodidad. De mi muerte.
No se que hacer, tio.

Ahora ya estoy perdido y desamparado.
Y he renunciado a mi trabajo. Y a mi lujosa casa. A mi vida cómoda y perfecta, y rutinaria e insignifcante. Ya no tengo nada que perder.
Ahora, si te digo la verdad tio, no tengo objetivos claros ni se cuál es el siguiente jodido paso. Aunque si te sigo diciendo la verdad, eso ahora mismo tampoco es que me importe mucho.
Ahora siento una mezcla de melancolía y alegría.
Ahora, a pesar de todo, estoy feliz por haber abierto los ojos. Tarde pero bueno... Mejor tarde que nunca. O eso es lo que dicen, tio.


Lo he perdido todo. Todo.
Y es por éso por lo que ahora es cuando me siento realmente LIBRE.

martes, 4 de diciembre de 2007

Lo sé.
Tranquilo.
Venga, no te cortes.
Llora, llora. Restriega tus mucosidades por mi hombro. Chilla si quieres.


Sé que hoy es un día triste. Horrible. Catastrófico. Negrísimo. Odioso... Te encuentras completamente solo y sé que necesitas desahogarte.
Claro que lo sé. Lo sé muy bien.

Y ahora vas y me pides que no me ría, pero lo siento, es que me hace mucha gracia. Bueno, tu ahora no pienses en eso. Solo llora. Habla. Vomita insultos y oscenidades por tu boca. Cágate en todo lo cagable.


Sé que lo necesitas y es por eso por lo que estoy a tu lado. Igual que ella, que siempre estuvo a tu lado... pero te ha abandonado...
Llora.
Tranquilo yo no te dejaré tirado. No seré tan malnacido e hijo de la gran perra como ella. Yo no te dejaré en una completa soledad como ha hecho ella. Claro que no. Por supuesto que no.
Aquí me tienes. A tu lado. Y tú llorando por culpa de esa zorra. Te ha abandonado. Maldita. ¡Puta! Y a pesar de todo. A pesar de que te ha dejado tirado como a una mierda, tú la sigues amando con todo tu corazón.
Nunca creiste que se puediese sufrir tanto. Nunca se te paso por la cabeza. Pero aquí estas. No puedes parar de llorar y llorar y llorar y llorar. Y tú no paras de preguntarte por qué te ha tenido que hacer esto. Tú siempre la fuiste fiel. Siempre. Nunca la dejaste por otra mejor. Todos los días te tenía consigo. Y no entiendes por qué te ha hecho esto. No lo logras comprender.
Y yo te digo que te tranquilices. Que seguro que encontrarás a otra. Hay muchas. Muchísimas. Encontrarás a otra incluso mejor. Más avanzada. Y que será imposible que te abandone.

Venga. Sé que es muy duro. Pero no me gusta verte así. Ella. Esa cabrona insensible no se merece todas esas lágrimas.
Joder. Estás temblando.
Vamos, anímate un poco. Olvídate de ella. Ve a por otra. Ya te lo he dicho, hay montones y mejores que ella.


Toma un klinex. Límpiate esas mocos y esas lágrimas.
Y ahora abrázame. Abrázame fuerte. Muy fuerte.
Y ya, por favor, no llores más. Me duele verte así.
Lo superarás, claro que sí. Lo superarás.
Venga, no te preocupes más.


Venga. Vamos.
Encontrarás a otra. Eso tenlo por seguro.
Vamos.
No llores más por ella.


Olvida a tu vieja televisión.

lunes, 3 de diciembre de 2007

Si quieres perder el tiempo. Dos minutos o tres. O puede que cinco. Si estás como un zombi frente a tu ordenador y no sabes qué cojones hacer por que llevas 2 horas habiéndote chupado todas las putas páginas de La Red. Si tus ojos poco a poco se van cerrando. Lentamente. Si no sabes que coño hacer. Lee lo que voy a escribir a continuación. Metete en el cuerpo la mierda que dentro de unas cuantas lineas vas a ver escrita. Y te lo digo de antemano es una puñetera paja mental. Es una basura de esas que me gusta escribir.

Bueno, y si no quieres perder segundos y minutos de tu repgunante y rutinaria vida. Si no quieres leer una basura de texto que no te va a aportar absolutamente nada. Si no te quieres cagar en mis jodidos muertos de mierda. Si no quieres leer un texto de una mente completamente enferma. Pues eso. No lo leas. Y punto.

Aquí lo tienes:


Son las 18:04. Exactas. En su puto reloj digital pone que son las 18:04:42.
Y al gilipollas no se le ocurre otra cosa que encerrarse en el cuarto de baño, bajarse los pantalones y masturbarse.

Su madre está haciendo la cena. Su hermano mayor está dando vueltas por la casa, hablando por télefono con esa supuesta novia que todo el mundo sabe que se folla a otro/os. Y su padre está despatarrado en el sillón frente a la caja tonta.


Y el niñato de mierda, que estaba sentado en la silla de su habitación con la polla dura como una piedra, lo que hace es ir directo al baño para cogerse el rabo con la mano derecha y para mover la piel que recubre ese vomitivo rabo hacia delante y hacia atrás. Hasta que salga un chorro blanquezino y espeso que luego se tendrá que limpiar con papel higiénico.
Así es. Abre la puerta del baño y la cierra cuando ya está dentro, con pestillo. Se baja los pantalones azules marino y seguidamente se baja esos patéticos calzoncillos. Y ahí está. Sentado en el retrete con la polla totalmente empinada. Roja. Con las venas remarcadas. Y coge su pene con la mano y empieza el onanismo. Arriba. Y abajo. Más rápido. Y ahora un poco más lento.
En su mente se entrelazan tetas. Coños. Pechos. Puvis femeninas. Llámalo como te resulte más apropiado. Da igual. Va a seguir siendo lo mismo.
Diferentes tias. Que se la comen. Que se la cascan. Tias a las cuales les mete su pene hasta el final. De donde sea.
Tias que conoce. Joder. Ahora aparece su peor enemiga. Y su mejor amiga. Y esa profesora. Puto pervertido. Frena un poco el movimiento de su alocada mano e intenta centrarse en una tia en concreto. Vale. Venga. Su ex. Sí, en esa hija de puta es en la cual se quiere centrar. Correrse pensando en ella.

Ya falta poco. Falta menos. Nota su pene cada vez más caliente. Y nota que el semen. Que los espermatozoides, se están impacientando y quieren salir de una puñetera vez. Entonces ahora se la casca con más fuerza. Rápido. Muy. Muy rápido. Ya llega. Ahora. Dentro de unos pocos segundos. Ya llega...

Cinco

Venga, joder, venga!

Cuatro

Tres

Falta menos.

Dos

Casi, casi...

Uno

....

OHHH.
El semen sale de su pene en tres disparos.
El jodido gilipollas degenerado pone los ojos en blanco.
Ese líquido blanquecino que siempre ha desprendido un olor que al puto niñato de mierda nunca le agradó, se derrama por su mano. Y por su pierna. A caido alguna gota al suelo. Y en la punta de su pene quedan restos de semen. Bastantes.

Y de pronto, ese niñato consentido y pervertido. Ese puto imbécil. Retrasado. Y subnormal. De pronto. Se queda mirando muy atentamente su vomitivo semen. Y el puto idiota, mientras mira muy fija y detenidamente su semen... se pone a pensar en que ese líquido blanco, en que sus espermas, en que su semen, realmente, es, o más bien, puede ser, la mitad de sus problemas. De sus alegrías.
Si ese líquido blanco lo derramará en el interior de un coño, ese líquido sería la mitad de sus lágrimas. Y de sus gritos. Y de sus broncas. Y de sus disgustos. En eso es en lo que se pone a pensar.
Ya ves. Menudo loco.
Con el semen en su mano. Y en el muslo de su pierna. Y en el suelo. Y en la punta de su rabo. Piensa en que ese asqueroso liquidillo tiene una importancia enorme.

Sus lágrimas.
Sus risas.
Sus griteríos.
Sus puñetazos en la pared.
Sus malas noticias.
Y sus buenas nuevas.
Su amor.
Su odio.
Su rabia.


Bueno... la mitad de todo eso.

La mitad de un jodido mequetrefe/a al que tendría que alimentar y querer.

Qué putada.
No lo quiere ni pensar.
...



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Bueno... como dice el dicho:

"El que avisa... no es traidor"

viernes, 30 de noviembre de 2007

El día había transcurrido del modo como suelen transcurrir estos días; lo había malbaratado, lo había consumido suavemente con mi manera primitiva y extraña de vivir; había trabajado un buen rato, dando vueltas a los libros viejos; había tenido dolores durante dos horas, como suele tenerlos la gente de alguna edad; había tomado unos polvos y me había alegrado de que los dolores se dejaran engañar; me había dado un baño caliente, absorbiendo el calorcillo agradable; había recibido tres veces el correo y hojeado las cartas, todas sin importancia, y los impresos, había hecho mi gimnasia respiratoria, dejando hoy por comodidad los ejercicios de meditación; había salido de paseo una hora y había visto dibujadas en el cielo bellas y delicadas muestras de preciosos cirros. Esto era muy bonito, igual que la lectura en los viejos libros y el estar tendido en el baño caliente; pero, en suma, no había sido precisamente un día encantador, no había sido un día radiante, de placer y Ventura, sino simplemente uno de estos días como tienen que ser, por lo visto, para mí desde hace mucho tiempo los corrientes y normales; días mesuradamente agradables, absolutamente llevaderos, pasables y tibios, de un señor descontento y de cierta edad; días sin dolores especiales, sin preocupaciones especiales, sin verdadero desaliento y sin desesperanza; días en los cuales puede meditarse tranquila y objetivamente, sin agitaciones ni miedos, hasta la cuestión de si no habrá llegado el instante de seguir el ejemplo del célebre autor de los Estudios y sufrir un accidente al afeitarse.


El que haya gustado los otros días, los malos, los de los ataques de gota o los del maligno dolor de cabeza clavado detrás de los globos de los ojos, y convirtiendo, por arte del diablo, toda actividad de la vista y del oído de una satisfacción en un tormento, o aquellos días de la agonía del espíritu, aquellos días terribles del vacío interior y de la desesperanza, en los cuales, en medio de la tierra destruida y esquilmada por las sociedades anónimas, nos salen al paso, con sus muecas como un vomitivo, la humanidad y la llamada cultura con su fementido brillo de feria, ordinario y de hojalata, concentrado todo y llevado al colmo de lo insoportable dentro del propio yo enfermo; el que haya gustado aquellos días infernales, ése ha de estar muy contento con estos días normales y mediocres como el de hoy; lleno de agradecimiento se sentará junto a la amable chimenea y con agradecimiento comprobará, al leer el periódico de la mañana, que no se ha declarado ninguna nueva guerra ni se ha erigido en ninguna parte ninguna nueva dictadura, ni se ha descubierto en política ni en el mundo de los negocios ningún chanchullo de importancia especial; con agradecimiento habrá de templar las cuerdas de su lira enmohecida para entonar un salmo de gratitud mesurado, regularmente alegre y casi placentero, con el que aburrir a su callado y tranquilo dios contentadizo y mediocre, como anestesiado con un poco de bromuro; y en el ambiente de tibia pesadez de este aburrimiento medio satisfecho, de esta carencia de dolor tan de agradecer, se parecen los dos como hermanos gemelos, el monótono y adormilado dios de la mediocridad y el hombre mediocre algo encanecido que entona el salmo amortiguado.
Es algo hermoso esto de la autosatisfacción, la falta de preocupaciones, estos días llevaderos, a ras de tierra, en los que no se atreven a gritar ni el dolor ni el placer, donde todo no hace sino susurrar y andar de puntillas.


Ahora bien, conmigo se da el caso, por desgracia, de que yo no soporto con facilidad precisamente esta semisatisfacción, que al poco tiempo me resulta intolerablemente odiosa y repugnante, y tengo que refugiarme desesperado en otras temperaturas, a ser posible por la senda de los placeres y también por necesidad por el camino de los dolores. Cuando he estado una temporada sin placer y sin dolor y he respirado la tibia e insípida soportabilidad de los llamados días buenos, entonces se llena mi alma infantil de un sentimiento tan doloroso y de miseria, que al dormecino dios de la semisatisfacción le tiraría a la cara satisfecha la mohosa lira de la gratitud, y más me gusta sentir dentro de mí arder un dolor verdadero y endemoniado que esta confortable temperatura de estufa. Entonces se inflama en mi interior un fiero afán de sensaciones, de impresiones fuertes, una rabia de esta vida degradada, superficial, esterilizada y sujeta a normas, un deseo frenético de hacer polvo alguna cosa, por ejemplo, unos grandes almacenes o una catedral, o a mí mismo, de cometer temerarias idioteces, de arrancar la peluca a un par de ídolos generalmente respetados, de equipar a un par de muchachos rebeldes con el soñado billete para Hamburgo, de seducir a una jovencita o retorcer el pescuezo a varios representantes del orden social burgués.
Porque esto es lo que yo más odiaba, detestaba y maldecía principalmente en mi fuero interno: esta autosatisfacción, esta salud y comodidad, este cuidado optimismo del burgués, esta bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente.



(Fragmento de "El Lobo Estepario" de Herman Hesse)

miércoles, 31 de octubre de 2007

Quieres que alguien te de respuestas a todo. Quieres que alguien te prometa que seras feliz y que estarás libre de cualquier peligro.
Quieres respuestas y respuestas. Y seguridad. Que alguien te asegure todo lo que tienes. Y todo lo que piensas.


No paras de preguntar qué pasaría en anarquía si.... y si... ¿y si...? Buscas que te lo den todo en bandeja. Venga, vamos a decir la verdad. Tú no quieres una anarquía, ni nada de eso. Sí. No tengas miedo a decirlo. Tú no quieres luchar contra nada, ni quieres destruir esta sociedad ni nada. Lo único que te interesa es que te lo aseguren todo. Tener la puta certeza de que tú vas a tenerlo todo. Necesitas que alguien te asegure y te proteja tu salud, tu educación, tu integridad física, tus odiosas posesiones materiales... todo. No quieres que te falte nada. Nada de nada. No quieres verte solo ante el peligro. Tienes incrustada en tu puta cabeza toda la basura con la que te adoctrinan desde enano.


Quieres que alguien o algo te ayude y, ante todo, te proteja.
Y tú me preguntarás. "¿Que me proteja de qué?"
Y yo te respondo: de la libertad.

Sí, sí. No me he vuelto loco.
Te lo repito por si todavía no te lo crees: necesitas a toda costa que alguien o algo o las dos cosas o lo que sea, da igual, TE PROTEJA DE LA LIBERTAD.

Lo sé, lo sé. Sé que asimilar esta verdad para tí es muy duro. Pero tienes que aceptarlo de una vez por todas. Tienes miedo a la libertad. Miedo a encontrate solo. Sin nadie que te diga:

"Usted, tiene derecho a esto y a esto y a esto y a esto y a esto también. Si
pierde o le quitan algo le indemnizaremos, y le repararemos los daños. Todo por
su felicidad. Tiene que saber que todos tenemos deberes y derechos. Así que tiene el
deber de hacer esto y esto y eso también. Si no cumple sus deberes será penado y
tendrá que hacer esto y esto y eso también. Todo por su seguridad. Y por su
felicidad. Y por su libertad."


Necesitas que te controlen la vida. Necesitas que alguien vigile tus pasos. Necesitas que alguien controle todo lo que haces. Y que alguien tenga solución a todo. Necesitas que haya alguien que controle todo. Tienes terror a decidir tú mismo lo que a tí te incumbe. Tienes miedo a pensar y a buscar soluciones a los problemas que puedan surgir en la vida. Tienes miedo a enfrentarte a problemas. Necesitas que alguien te los liquide de antemano.


Ya era hora de reconocerlo.
Tu miedo es ese: que no haya nadie que resuelva tus dificultades. Que no haya nadie que lo maquine todo. Que no haya nadie que te diga qué tienes que hacer a cada minuto y cómo lo tienes que hacer. Tienes miedo a que no exista alguien o algo que te asegure que nadie te hará daño, que nadie te robará, que nadie te insultará... Y quieres que haya alguien que te diga que si, a pesar de todo, te roban o te hacen daño, el que lo haya hecho recibirá un castigo; necesitas saber que alguien castigará al que te haya hecho algo que no te gusta. Tienes miedo a que no haya nadie que te diga qué hacer para que no te hagan sufrir. Miedo a que no haya alguien que te asegure una supuesta libertad. Y tu felicidad. Y tu seguridad.

Buscas desesperadamente algo o a alguien que pueda arreglar todo lo que tú quieras. Buscas algo que te sostenga. Tu día a día consiste en eso, en encontrar alguien o algo que te asegure que nada saldrá mal, que hay soluciones para todo. Que pueda asegurarte que tu vida no será complicada, que siempre habrá alguien a tu lado diciéndote lo que tienes que hacer para que todo vaya bien. Quieres tener tu existencia controlada minuto a minuto.
Necesitas atarte a algo. O a alguien.



Prefieres que te engañen, que te sometan, que te opriman, que te vigilen... prefieres todo eso antes que vivir en libertad. Sí. Te da igual que te exploten si es con la garantía de que seras feliz y estarás seguro ante cualquier problema.




Ésa es la verdad. Ahora que la sabes, tú veras lo que haces...

sábado, 27 de octubre de 2007

Esto va sobre cómo la vida puede terminar sin más.

Sobre cómo todo se puede convertir en una mierda.

Sobre cómo todo puede seguir igual. Hecho una mierda.

Y sobre cómo todo puede cambiar rápida o lentamente.

Esto va sobre la rabia. Sobre luchar. Y gritar.

Esto va sobre la sangre y las lágrimas.

Esto va sobre la nada. Y sobre el todo. Pero más bien trata de la nada.

Sí.

Esto trata sobre cómo se puede llegar a no tener nada que perder. A no tener nada. Y tenerlo todo.

Esto trata cómo, a pesar de todo, se puede llegar a sonreir. Y a sangrar. Y a derramar agua salada por los ojos.

No lo dudes.

Esto trata sobre todas esas cosas.

Trata sobre lo que no tiene importancia.

Trata sobre la importancia de lo que no tiene importancia.

Sobre la vida.

Y la muerte.

Esto trata de la revolución. De la anarquía.

El todo y la nada.


Sobre la furia.

Sobre la escoria.

Sobre lo más bello que pueda existir.

Sobre lo contradictorio.

Sobre lo incomprensible.

Sobre lo que es exacto.

Sobre la necesidad de molestar al que se lo merece.

Sobre la necesidad de destruir para crear.

Sobre la destrucción. Y la creación.

Sobre la alegría.

Y sobre el dolor.

Trata de la alegría y del dolor.

Sí.

Claro que sí.

Esto trata sobre cómo comienza la vida y cómo termina sin darnos cuenta.

Esto habla sobre lo bello de la muerte.

Y también sobre lo horroso de la muerte.

Sobre el todo y la nada.

No trata sobre lo intermedio. Claro que no.

Esto habla del cambio.

Y también de la rutina.

Habla de la ignorancia. Y de la inteligencia.

Esto va de la mierda. Del olor a mierda.

Esto trata sobre lo bueno y lo malo.

Trata sobre el depertar.

Trata del que se despierta.

Sobre el que mata y el que muere.

Sobre las dos cosas a la vez.

Sobre cómo se puede morir matando.

Sobre cómo se puede vivir matando.

Trata sobre el odio.

Trata del amor.

Y de la rabia.

Esto habla sobre muchas cosas más.

Habla de todo. Y de nada.
...



Sí.

Exacto.

Acertaste.


Esto trata de mi...Y de ti.


sábado, 20 de octubre de 2007

15 tios. O tal vez sean 20. O treinta. Tal vez solo haya diez.
No lo sé.

Pero ese no es el tema.
El Tema es que hay muchos tios cerveza y cigarro en mano, en el bar, gritando a la tele: ¡¡GOOOOL!!
Un montón de tios borrachos metidos en una bar. Un montón de tios borrachos gritando a la televisión del Bar: ¡arbitro, hijo puta! Sí. Un bar a rebosar de tios diciendo que eso es falta y que quieren matar al arbitro.
Saltando y gritando GOL. O penaltiiiii.

Un bar lleno de tios borrachos y fumados diciendo que menudo partidazo de furbo están viendo. O diciendo que es una puta mierda.
Comiendo. Bebiendo. Fumando. Gritándole a la televisión que los del otro equipo son unos cabronazos.

Un montón de tios intentando dar algún sentido a sus vidas de mierda. Inténtandole buscar algun sentido metiéndose en el bar a beber y a ver un partido de fútbol. Deseahogando sus repugnantes y rutinarias vidas.

Esa es la vida que tienen.


Roja. Eso es Roja. Tarjeta rojaa. Ésto es lo que gritan. Y muchas otras cosas. Y la verdad es que se toman muy en serio esa basura. Tal vez el partido no les importe. Tal vez sea otro el motivo.
Tienen que llenar el vacío de su mierda de existencia. Tienen que distraer su atención prestándole atención a alguna mierda para no poder darse cuenta de que su vida no vale la pena.


Y esas son sus vidas. Sí. Triste pero cierto. Triste. Y muy cierto.
Los Sábados. Y los Domingos. Sábados y Domingos. Todos los fines de semana se meten en el bar más cercano para emborracharse. Para beber una burrada de cerveza. Y para meterse dos cajetillas de tabaco. O unos cuantos porros. Para beber y fumar y, por supuesto, para ver el partido de fútbol. Y para chillar a la televisón que ese jugador es el mejor del mundo. Que el árbitro está comprado. Que eso es penalti. Para chillar: gooooool. Necesitan rellenar su vida haciendo eso.


Supongo que tienen que hacer algo para conseguir olvidar que su vida es una puta y verdadera mierda.

Supongo que lo hace mucha gente. Supongo que mucha gente necesita hacer algo para tapar su desgracia, que es su vida.
Unos se meten en el bar y se emborrachan. Otros se refugian en la televisión. Otros en las revistas del corazón. Otros en los puticlubs. Otros en la lotería. Otros en su propio trabajo. Otros en libros de autoayuda. Otros en la música. Otros...

Supongo que lo hace todo el mundo. Supongo que lo hace mucha gente.
Supongo que la gente necesita tapara su mierda refugiándose en mierda. Supongo.



Todos esos tios. Metidos en un bar. Borrachos. A gritos con la tele. Viendo el furbo. Gritando que su equipo es el mejor. Gritando. Diciendo que mataría a los del otro equipo. Gritando que le quiere quemar la casa al árbitro. Diciendo que menudo golazo. Cerveza y cigarro en mano. Chillándole a la televisión...



Imagino que lo hace casi todo el mundo.


Imagino que hacen todo eso para intentar olvidar que sus vidas son una puta basura...


...