El niño corre ilusionado entre la hierba. Rozando con sus tobillos amapolas, margaritas, tulipanes, y pisando heces de caballo.
El niño es joven. El niño tan sólo tiene 8 años.
Y sus piernas enclenques siguen avanzando con un ritmo frenético. Todo lo frenético posible acorde con sus 8 años.
El niño sonríe. No deja de sonreír.
Y poco después, el niño, tras haber pisado ya siete o trece cagadas de caballo, decir quince ya sí que sería faltar a la Verdad, paso de sonreír a vomitar. A vomitar carcajadas. Sin sentido alguno. Era vomitar por vomitar. Eran de esas carcajadas que te ponen de los putos nervios. Putas carcajadas capaces de desencadenar un genocidio atómico.
Y sus piernas enclenques frenaron. Su vómito no.
El niño se dejó caer. Se deslizó en el aire y extendió su cuerpo desnudo en la hierba. Entre las amapolas, las margaritas, los tulipanes. Y entre las heces de caballo.
Sus párpados se cerraron y ocultaron sus ojos verdes. El vómito empezaba a perder intensidad y continuidad.
Acariciaba con sus manos unas margaritas. Su nuca estaba aplastando una amapola. Y sus nalgas estaban hundidas en heces.
En sus propias heces.
En ese punto, las carcajadas ya habían desparecido, y en su rostro había vuelto a florecer una gran sonrisa que parecía inamovible.
Su mente estaba en blanco. No es que no estuviera pensando en nada. No, estaba pensando en blanco. Estaba buceando en una masa infinita y eterna, blanca. Y sin él quererlo, sin él hacer nada, mientras seguía sumergido en un blanco puro y omnipotente, su pálido pene comenzó una erección. Su diminuto pene comenzó a ponerse duro. Un cosquilleo subió por sus tripas. Ya se le había puesto el pene erecto en otras ocasiones, pero él sintió que aquella era totalmente diferente. Dicha sensación ensució el blanco en el que estaba sumido, y en ese blanco aparecieron puntos y cráteres negros, morados, azulados, amarillos, marrones... Sus párpados dejaron al descubierto de nuevo sus ojos verdes.
Y el puto niño seguía con la maldita sonrisa en el rostro.
El pene ya estaba duro del todo. Y el niño empezó a rodar y dar vueltas entra la hierba. Entre las amapolas. Y las margaritas. Y los tulipanes. Y las heces. Las suyas y las de caballo.
Restregó sus ojos y su boca, y su pecho y su ombligo, y sus brazos y sus dedos, y sus nalgas y sus muslos, y sus rodillas y sus tobillos. Y su pene pálido y diminuto, erecto. Lo restregó todo contra todo. Las amapolas, las margaritas, los putos tulipanes y las heces.
Y empezó a soltar gemidos. Tímidos gemidos.
Rodaba y rodaba. Mientras el viento fresco soplaba y le acariciaba. Al niño. Y a todo lo que había allí.
Los gemidos, poco a poco, adquirían intensidad.
El niño no sabía qué era aquello que estaba experimentando. Pero disfrutaba. Mucho.
El niño jadeando de placer y también de cansancio, paró de rodar. Y quedó bocaarriba, mirando a la redonda e inmensa Luna. De color blanco. Con sus puntos y sus cráteres.
El pene seguía estando erecto.
Y, de repente, sin más, un hormigueo ascendió por su pálido y diminuto pene. Y sintió un golpe seco en el pecho, o en la tripa, o tal vez en la cabeza. No lo sabía bien. Pero había sentido una especie de golpe. Arqueó su cuerpo. Hundió su nunca con fuerza en la hierba, en unos tulipanes, la hundió tanto que se manchó la cabeza de tierra. Y sus tobillos también se hundieron en la hierba, en unas heces ya secas. Su cuerpo había tomado la figura de un puente.
Pero todo esto, aunque parezca que duró más, tan sólo duró 2 segundos. Dos putos y simples segundos.
Y tras esos dos putos y simples segundos, al tercero soltó un chillido, corto. Un gemido, más bien. Y su cuerpo volvió a una posición totalmente horizontal.
El niño. El niño de 8 años, no sabía qué coño era lo que había sucedido.
Pasó 2 minutos, dos putos y simples minutos, tumbado, con los párpados ocultando sus ojos verdes. Con la mente en blanco. Pero esta vez, sin pensar en nada. Y tras esos dos putos y simples minutos, sus párpados descubrieron sus ojos. Dejó su posición horizontal. Y se sentó.
Seguía sin saber qué coño había ocurrido.
Y se sentó. Con cuatro margaritas en su ojete del culo. Y dirigió la mirada de sus ojos verdes a su pálido y diminuto pene. Observó algo. Una mancha. Un resto de algo. Unas gotas. Un liquidillo. En la punta de su jodido pene. Pálido y diminuto. Era una mancha, un algo, unas gotas, un liquidillo... de color blanco.
Y el niño no sabía qué ostias podría ser aquello.
Pero la verdad es que no le importaba.
Se levantó. Se levantó. Y empezó a correr. Sus piernas enclenques avanzaron a un ritmo frenético. Todo lo frenético posible acorde con sus 8 años.
Como al principio.
Se puso a correr. Ilusionado. Rozando con sus tobillos amapolas, margaritas, tulipanes, y pisando heces de caballo.
Como al principio.
Empezó de nuevo a vomitar.
Mostrando entradas con la etiqueta Vomitonas de todos los colores. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vomitonas de todos los colores. Mostrar todas las entradas
martes, 22 de julio de 2008
viernes, 7 de marzo de 2008
Las cenizas que se encuetran bajos mis ojos, bajo los párpados de alguien que quiso que la luz empañase su corazón. Las cenizas que ahora ahogan mi vista y que otorgan el poder a la capacidad de escuchar lo que no está sonando. Las cenizas. Las cenizas ahora se enredan en mi pelo, las cenizas negras que ennegrecen todo aquello a lo que se le da importancia, pero que realmente no la tiene.
Las cenizas de todo lo que yo creía ver.
Las cenizas que se disuelven en lo irreal, lo irreal... lo irreal que me tortura y me abofetea a causa de su tremenda realidad, de su tremenda verdad, a causa de sus gritos y sus susurros, a causa de sus miradas, a causa de su respiración.
Las cenizas también ahora se desprenden de mi pelo, y sobrevuelan el aire, y las veo caer lentamente, las veo tocar el suelo, y volver a volar mínimamente hacia arriba, y volver a tocar el suelo para depositarse allí, donde, finalmente, se entremezclan con el agua de mi historia indescriptible y finita, y cae, lenta, muy lentamente, por las rejillas de la alcantarilla que va a dar a lo inexiste que de vez en cuando, pasado el tiempo, volverá a retumbar en mi cabeza para volver a intentar instalarse en mis pupilas, en mis párpados y en mis pestañas.
Las cenizas de todo lo que yo creía ver.
Las cenizas que se disuelven en lo irreal, lo irreal... lo irreal que me tortura y me abofetea a causa de su tremenda realidad, de su tremenda verdad, a causa de sus gritos y sus susurros, a causa de sus miradas, a causa de su respiración.
Las cenizas también ahora se desprenden de mi pelo, y sobrevuelan el aire, y las veo caer lentamente, las veo tocar el suelo, y volver a volar mínimamente hacia arriba, y volver a tocar el suelo para depositarse allí, donde, finalmente, se entremezclan con el agua de mi historia indescriptible y finita, y cae, lenta, muy lentamente, por las rejillas de la alcantarilla que va a dar a lo inexiste que de vez en cuando, pasado el tiempo, volverá a retumbar en mi cabeza para volver a intentar instalarse en mis pupilas, en mis párpados y en mis pestañas.
Sección:
Vomitonas de todos los colores
viernes, 4 de enero de 2008
Resulta dificil.
Bastante dificil.
El sabor de los desconocido.
El extraño sabor de lo desconocido;
es lo que me está matando,
pero también es lo que me ayuda a seguir,
a seguir hacia delante, o hacia donde sea.
No se hacia donde voy.
El amargo sabor de lo que pasará
me gusta.
Me fascina.
Y me aterra.
Resulta dificil.
Bastante dificil.
Resulta bastante dificil no salir a la calle ahora,
no salir a la calle y gritar,
y que el agua de la lluvia ruede por mi cara
y por mi pelo, y por mis labios.
Resulta bastante dificil no salir a la calle ahora,
y tirarme al suelo,
y levantarme y apedrear todo lo que me encuentre;
y arrastrar mi cuerpo por el suelo.
Quiero sangrar,
quiero hacerme heridas con el roce del suelo;
quiero dejar la huella de mi sangre en la puta calle;
quiero pintar con mi sangre una gran sonrisa
y a su lado
una lágrima.
Resulta bastante dificil no salir a la calle ahora,
con el deseo de encontrarme contigo,
y abrazarme a ti.
Quiero que tus lágrimas se fundan con las mias.
Quiero que nos riamos juntos.
Quiero soltar carcajadas contigo,
mientras te beso.
Quiero reirme contigo del mundo.
Quiero que estés aquí.
Quiero que tú tambien sangres,
y que también dejes tu huella.
Nuestra huella.
Quiero ver tu sangre en el suelo,
y en mi cuerpo.
Resulta bastante dificil aguantar
esta vida;
sabiendo que si tú estuvieras
podría ser mucho mejor.
Resulta bastante dificil no llorar.
Pero es que yo quiero llorar,
pero contigo,
quiero chillar y llorar contigo
ya sea de alegría o de tristeza.
La incertidumbre de lo que pueda pasar
me está torturando
e, inexplicablemente,
también me gusta.
Me fascina.
Pero a la vez, me apabulla,
hace que todo se me caiga encima.
Resulta dificil releer esto,
y no borrorarlo de inmediato.
Bastante dificil.
...
Pero no imposible...
Bastante dificil.
El sabor de los desconocido.
El extraño sabor de lo desconocido;
es lo que me está matando,
pero también es lo que me ayuda a seguir,
a seguir hacia delante, o hacia donde sea.
No se hacia donde voy.
El amargo sabor de lo que pasará
me gusta.
Me fascina.
Y me aterra.
Resulta dificil.
Bastante dificil.
Resulta bastante dificil no salir a la calle ahora,
no salir a la calle y gritar,
y que el agua de la lluvia ruede por mi cara
y por mi pelo, y por mis labios.
Resulta bastante dificil no salir a la calle ahora,
y tirarme al suelo,
y levantarme y apedrear todo lo que me encuentre;
y arrastrar mi cuerpo por el suelo.
Quiero sangrar,
quiero hacerme heridas con el roce del suelo;
quiero dejar la huella de mi sangre en la puta calle;
quiero pintar con mi sangre una gran sonrisa
y a su lado
una lágrima.
Resulta bastante dificil no salir a la calle ahora,
con el deseo de encontrarme contigo,
y abrazarme a ti.
Quiero que tus lágrimas se fundan con las mias.
Quiero que nos riamos juntos.
Quiero soltar carcajadas contigo,
mientras te beso.
Quiero reirme contigo del mundo.
Quiero que estés aquí.
Quiero que tú tambien sangres,
y que también dejes tu huella.
Nuestra huella.
Quiero ver tu sangre en el suelo,
y en mi cuerpo.
Resulta bastante dificil aguantar
esta vida;
sabiendo que si tú estuvieras
podría ser mucho mejor.
Resulta bastante dificil no llorar.
Pero es que yo quiero llorar,
pero contigo,
quiero chillar y llorar contigo
ya sea de alegría o de tristeza.
La incertidumbre de lo que pueda pasar
me está torturando
e, inexplicablemente,
también me gusta.
Me fascina.
Pero a la vez, me apabulla,
hace que todo se me caiga encima.
Resulta dificil releer esto,
y no borrorarlo de inmediato.
Bastante dificil.
...
Pero no imposible...
Sección:
Vomitonas de todos los colores
viernes, 30 de noviembre de 2007
Mis lágrimas son el ácido
que hace que tu manos ardan.
Mi rabia es el cuchillo
que hace que tu sangre
se derrame por mis tesículos.
Mi dolor es cualquier arma
que te pueda hacer chillar.
Mi vida es la hoja en blanco
llena de gotas de grasa
en la cual nadie quiere escribir.
Mi futuro es la tierra
en la que derramas con asco tu saliva
mezclada con tus mucosidades.
Mis palabras son el libro de autoayuda
que todo el mundo necesita leer
para volarse la cabeza con un revolver.
Mi sonrisa es la arcada
que sube por tu garganta
y que hace que derrames
un líquido agrío y espumoso.
Yo soy el tio al que siempre que ves
le miras mal intentándole decir
que es un loco degenerado.
Yo soy todo aquello que siempre odiaste
pero que siempre deseaste haber sido.
que hace que tu manos ardan.
Mi rabia es el cuchillo
que hace que tu sangre
se derrame por mis tesículos.
Mi dolor es cualquier arma
que te pueda hacer chillar.
Mi vida es la hoja en blanco
llena de gotas de grasa
en la cual nadie quiere escribir.
Mi futuro es la tierra
en la que derramas con asco tu saliva
mezclada con tus mucosidades.
Mis palabras son el libro de autoayuda
que todo el mundo necesita leer
para volarse la cabeza con un revolver.
Mi sonrisa es la arcada
que sube por tu garganta
y que hace que derrames
un líquido agrío y espumoso.
Yo soy el tio al que siempre que ves
le miras mal intentándole decir
que es un loco degenerado.
Yo soy todo aquello que siempre odiaste
pero que siempre deseaste haber sido.
Sección:
Vomitonas de todos los colores
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

